EDITORIAL



¿Y la democracia qué?

La vida como proyecto de construcción y desconstrucción que llevábamos en una gran zona de confort nos cambió de la noche a la mañana tanto, pero tanto, que estamos en un país de normas dictatoriales hace más de 40 días. Donde con un decreto nos raponearon la autonomía institucional en la educación, en la salud, en el desarrollo empresarial y qué decir de la movilidad en las ciudades en donde se dejó en confinamiento total muchos días, pero muchísimos días.

Pero no sólo se percibe esta situación anormal en un Estado de derecho social, en los corrillos y comunicación de los más versados en derecho, también en las comunidades más populares de nuestro país, sino que ya se sienten las voces de varios congresistas e incluso de miembros del concejo de Bogotá que no entienden por qué el gobierno nacional y la alcaldesa de Bogotá no aceptan que el congreso o el concejo de Bogotá se reúnan vía redes sociales o presencialmente para analizar y legislar para establecer medidas y estrategias que vayan a combatir la pandemia aluciendo que es peligroso convocar a los integrantes del congreso o del concejo de Bogotá porque se pueden infectar. Pero no se entiende que para el pueblo obrero no es peligroso, ya que a este último se autoriza el inicio de labores.

A lo anterior se le agrega el tema de la “Corrupción” como imagen de primera mano que están dando los contratistas a los alcaldes y gobernadores a lo largo y ancho de Colombia, en las ayudas alimentarias, porque entregan marcas indebidas, cambian las cantidades o porciones que se comprometieron al firmar el contrato licitatorio. A esto se le agrega que el origen y desarrollo corporativo de las organizaciones que se ganan los derechos dejan mucho que desear y quizás todo es de papel y a la hora de la verdad no llenan los requisitos que la autoridad solicita, si se evaluara con honestidad.

Por último, no todo estudiante, sea del colegio privado o del público tiene conexiones a internet o no tiene en casa un computador o una tablet, y pero sí lo hacemos responsables de su rendimiento académico, como lo hacemos con los docentes, que los enviaron a casa a trabajar con sus estudiantes sin conocer previamente las condiciones de convivencia en sus hogares y cargándoles la inversión en electricidad, en internet y mantenimiento de equipos para favorecer a ese ejército de estudiantes que tiene la escuela y colegio públicos como también lo hacen los privados. La tarea futura es reconstruir lo que más podemos en las diferentes dimensiones que desarrolle el ser social sin distingos de estratos sociales.